Erase el típico cancherito medio endiablado que quería ser famoso, quería pero no podía porque acarreaba un detalle en su personalidad que anulaba todo lo bueno que podía ofrecerle al mundo del séptimo arte...
ERA CAGON
Y ésto querido lector es un factor decisivo a la hora de marcar la diferencia en el mundo cruel que se rodeaba.
Su nombre es indistinto con lo cual lo bautizaremos como Brad Pito.
Pese a que su andar de fracasado es un hecho irrefutable, hubo un día en su vida que puedo cambiar su destino para siempre. El día que por una casualidad se enconcontró con un famoso de verdad...
Eran las 9 de la mañana y algo más, el calor era aceptable y el día soleado predecía una buena onda que a Brad le calo en la vena corta.
Marchóse embriagado con su vestimenta Hawaiiana por la avenida principal de su ciudad destacada, cuando sin más y a su lado se bajaba de un taxi el mismísmo Robert Mepiro con su lunar característico escoltando un rostro cargado de experiencias cinéfilas.
Historias cortas llenas de pasión e intriga que enmarcan momentos indispensables para el relax y la comprensión lingüística.
UN CORAZON A PRUEBA DE BALAS - PARTE I
Pancita tres cuartos, un caminar sereno, facha de cara antigüa y una edad que lo ha visto todo, así podríamos describirlo, pero eso no es todo, eso no es suficiente, el tiene algo más, es por ello que contaremos un pedacito de su historia, una de sus tantas aventuras...
Sacado de la serie de los Teletubies, Igor Petrovilok era el típico jefe molesto que anhelaba ganar más dinero y que solo conseguía apaciguar su desenfreno de gula por el vil metal castigando en sinmedida y con tintón a sus empleados, pobres esclavos de la rutina pero agraciados dolentes de mundos estelares que buscan una jubilación de videojuego.
Igor lo tenía a el cara a cara, estaba por hacer una entrevista típica, una entrevista de esas que le llenan de orgullo ya que siempre intenta sodomizar y ridiculizar al entrevistado.
Igor estaba preparado para darle una vuelta de tuerca al candidato, para enseñarle su superioridad y por consecuencia su "negreria" a la hora de estipular salario y horas de trabajo. Pero primero, antes del final, tenía que empezar, y siempre lo hacía meditando muy bien sus preguntas.
- ¿Cómo te llamas nene? - dijo Igor a nuestro peculiar protagonista.
UN CORAZON A PRUEBA DE BALAS - PARTE II
Era una mañana como cualquier otra en la fábrica de tornillos Kolivortep S.A., Piet se encontraba concentrado al extremo perfilando la espiral de un tornillo de cuatro pulgadas y media.
Los sonidos de maquinarias pesadas, el ambiente asfixiante a metal incandescente, la penumbra, la grela y los olores no parecían afectar el trabajo extremadamente meticuloso de Piet.
- Sr. Malvini, a mi despacho ahora mismo! - sonó un altavoz cascado de betún de judea.
Piet terminó su trabajo con el tornillo, lo dejo en su cajita de 30 tornillos todos ordenados como si se tratase de fichas de domino, se quitó los anteojos con 8 aumentos, fue a mear y a los 15 minutos golpeó la puerta de su jefe, el mismo que había solicitado sin dilación su presencia.
- Vamos mal Señor Malvini, hace 45 minutos que lo espero, esto es un escándalo, ¿quiere que lo raje a patadas ahora mismo? - soltó Igor mientras le daba la espalda debido a que estaba mirando entre las persianas de oficina de su ventana, una ventana que daba a la pared.
Piet tomó asiento sin pedirlo, sabía que cuando un jefe hablaba se tenía que estar en una posición de altura inferior, una posición que permita la dominatrix y la sumisión.
- Hoy la máquina principal estaba enganchada, la desenganche para optimizar el funcionamiento, ahora caga 3 tornillos más en cada tanda de 22 minutos. - aportó Piet.
- Ahhh... eso esta muy bien Malvini ¡ganaremos más dinero! - dijo Igor que por un segundo se transformó en el Señor Cangrejo de la serie Bob Esponja y perdió su papel estelar de rancio mal parido.
- El asunto es que estos tornillos están mal, me han llamado diciendo que no enganchan bien, ¿se puede saber que ha pasado? - preguntó Igor una vez recuperada la postura de jefe hijo de puta.
- Tenía pensado trabajar el Sábado para compensar los 15 minutos que dedico a la comida, de esta manera podemos fabricar más y el coste hora/hombre se mantendría, reduciendo gastos - soltó Piet mientras con un pañuelo se limpiaba unas manchas de grasa que tenía en la mano derecha.
En ese momento y antes de que Igor pudiera decir algo sonó el teléfono cascabel con un sonido de antaño digno de una película de Janfrei Vogars.
Los sonidos de maquinarias pesadas, el ambiente asfixiante a metal incandescente, la penumbra, la grela y los olores no parecían afectar el trabajo extremadamente meticuloso de Piet.
- Sr. Malvini, a mi despacho ahora mismo! - sonó un altavoz cascado de betún de judea.
Piet terminó su trabajo con el tornillo, lo dejo en su cajita de 30 tornillos todos ordenados como si se tratase de fichas de domino, se quitó los anteojos con 8 aumentos, fue a mear y a los 15 minutos golpeó la puerta de su jefe, el mismo que había solicitado sin dilación su presencia.
- Vamos mal Señor Malvini, hace 45 minutos que lo espero, esto es un escándalo, ¿quiere que lo raje a patadas ahora mismo? - soltó Igor mientras le daba la espalda debido a que estaba mirando entre las persianas de oficina de su ventana, una ventana que daba a la pared.
Piet tomó asiento sin pedirlo, sabía que cuando un jefe hablaba se tenía que estar en una posición de altura inferior, una posición que permita la dominatrix y la sumisión.
- Hoy la máquina principal estaba enganchada, la desenganche para optimizar el funcionamiento, ahora caga 3 tornillos más en cada tanda de 22 minutos. - aportó Piet.
- Ahhh... eso esta muy bien Malvini ¡ganaremos más dinero! - dijo Igor que por un segundo se transformó en el Señor Cangrejo de la serie Bob Esponja y perdió su papel estelar de rancio mal parido.
- El asunto es que estos tornillos están mal, me han llamado diciendo que no enganchan bien, ¿se puede saber que ha pasado? - preguntó Igor una vez recuperada la postura de jefe hijo de puta.
- Tenía pensado trabajar el Sábado para compensar los 15 minutos que dedico a la comida, de esta manera podemos fabricar más y el coste hora/hombre se mantendría, reduciendo gastos - soltó Piet mientras con un pañuelo se limpiaba unas manchas de grasa que tenía en la mano derecha.
En ese momento y antes de que Igor pudiera decir algo sonó el teléfono cascabel con un sonido de antaño digno de una película de Janfrei Vogars.
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