Historias cortas llenas de pasión e intriga que enmarcan momentos indispensables para el relax y la comprensión lingüística.
EL ENIGMA DEL ARLEQUIN
El cambio de tiempo me había producido un temor frío en el cuerpo. Tenía pensado retirarme a dormir pero recordé mi compromiso con Gino, un viejo amigo de la Universidad.
Eran las 21:32 hs clavadas cuando entre torbellinos me puse a buscar la entrada para el Teatro "La Partirisima Bella". Hacía meses que Gino me venía presionando para que lo acompañe a ver la obra de teatro de "Lo Arlequino Mentro Porti" y yo siempre le escabullía el bulto, no es que no me agrade la compañía de mi amigo, sino que tengo clara aversión por las obras de teatro. Quizás se deba a mi niñez y a la insistencia de mi padre a llevarme a funciones teatrales de barrio, el me decía "El teatro es la vida misma, tienes que vivir".
LOS FEOS DE SIEMPRE
A veces nos juntamos a tomar unas birras en el bar de Mauricio. Somos como el deshecho de lo bueno, somos producto del reciclaje corporal, somos feos pero con el tiempo lo hemos asumido.
LA COTORRA DEL COLECTIVO
Menuda cotorra se sentó a mi lado... Soy un tipo sencillo, me considero apasible y macanudo, pero a veces se me gira el bocho y quiero matar.
MARICONEANDO POR LAS ESTRELLAS
Erase el típico cancherito medio endiablado que quería ser famoso, quería pero no podía porque acarreaba un detalle en su personalidad que anulaba todo lo bueno que podía ofrecerle al mundo del séptimo arte...
ERA CAGON
Y ésto querido lector es un factor decisivo a la hora de marcar la diferencia en el mundo cruel que se rodeaba.
Su nombre es indistinto con lo cual lo bautizaremos como Brad Pito.
Pese a que su andar de fracasado es un hecho irrefutable, hubo un día en su vida que puedo cambiar su destino para siempre. El día que por una casualidad se enconcontró con un famoso de verdad...
Eran las 9 de la mañana y algo más, el calor era aceptable y el día soleado predecía una buena onda que a Brad le calo en la vena corta.
Marchóse embriagado con su vestimenta Hawaiiana por la avenida principal de su ciudad destacada, cuando sin más y a su lado se bajaba de un taxi el mismísmo Robert Mepiro con su lunar característico escoltando un rostro cargado de experiencias cinéfilas.
ERA CAGON
Y ésto querido lector es un factor decisivo a la hora de marcar la diferencia en el mundo cruel que se rodeaba.
Su nombre es indistinto con lo cual lo bautizaremos como Brad Pito.
Pese a que su andar de fracasado es un hecho irrefutable, hubo un día en su vida que puedo cambiar su destino para siempre. El día que por una casualidad se enconcontró con un famoso de verdad...
Eran las 9 de la mañana y algo más, el calor era aceptable y el día soleado predecía una buena onda que a Brad le calo en la vena corta.
Marchóse embriagado con su vestimenta Hawaiiana por la avenida principal de su ciudad destacada, cuando sin más y a su lado se bajaba de un taxi el mismísmo Robert Mepiro con su lunar característico escoltando un rostro cargado de experiencias cinéfilas.
UN CORAZON A PRUEBA DE BALAS - PARTE I
Pancita tres cuartos, un caminar sereno, facha de cara antigüa y una edad que lo ha visto todo, así podríamos describirlo, pero eso no es todo, eso no es suficiente, el tiene algo más, es por ello que contaremos un pedacito de su historia, una de sus tantas aventuras...
Sacado de la serie de los Teletubies, Igor Petrovilok era el típico jefe molesto que anhelaba ganar más dinero y que solo conseguía apaciguar su desenfreno de gula por el vil metal castigando en sinmedida y con tintón a sus empleados, pobres esclavos de la rutina pero agraciados dolentes de mundos estelares que buscan una jubilación de videojuego.
Igor lo tenía a el cara a cara, estaba por hacer una entrevista típica, una entrevista de esas que le llenan de orgullo ya que siempre intenta sodomizar y ridiculizar al entrevistado.
Igor estaba preparado para darle una vuelta de tuerca al candidato, para enseñarle su superioridad y por consecuencia su "negreria" a la hora de estipular salario y horas de trabajo. Pero primero, antes del final, tenía que empezar, y siempre lo hacía meditando muy bien sus preguntas.
- ¿Cómo te llamas nene? - dijo Igor a nuestro peculiar protagonista.
UN CORAZON A PRUEBA DE BALAS - PARTE II
Era una mañana como cualquier otra en la fábrica de tornillos Kolivortep S.A., Piet se encontraba concentrado al extremo perfilando la espiral de un tornillo de cuatro pulgadas y media.
Los sonidos de maquinarias pesadas, el ambiente asfixiante a metal incandescente, la penumbra, la grela y los olores no parecían afectar el trabajo extremadamente meticuloso de Piet.
- Sr. Malvini, a mi despacho ahora mismo! - sonó un altavoz cascado de betún de judea.
Piet terminó su trabajo con el tornillo, lo dejo en su cajita de 30 tornillos todos ordenados como si se tratase de fichas de domino, se quitó los anteojos con 8 aumentos, fue a mear y a los 15 minutos golpeó la puerta de su jefe, el mismo que había solicitado sin dilación su presencia.
- Vamos mal Señor Malvini, hace 45 minutos que lo espero, esto es un escándalo, ¿quiere que lo raje a patadas ahora mismo? - soltó Igor mientras le daba la espalda debido a que estaba mirando entre las persianas de oficina de su ventana, una ventana que daba a la pared.
Piet tomó asiento sin pedirlo, sabía que cuando un jefe hablaba se tenía que estar en una posición de altura inferior, una posición que permita la dominatrix y la sumisión.
- Hoy la máquina principal estaba enganchada, la desenganche para optimizar el funcionamiento, ahora caga 3 tornillos más en cada tanda de 22 minutos. - aportó Piet.
- Ahhh... eso esta muy bien Malvini ¡ganaremos más dinero! - dijo Igor que por un segundo se transformó en el Señor Cangrejo de la serie Bob Esponja y perdió su papel estelar de rancio mal parido.
- El asunto es que estos tornillos están mal, me han llamado diciendo que no enganchan bien, ¿se puede saber que ha pasado? - preguntó Igor una vez recuperada la postura de jefe hijo de puta.
- Tenía pensado trabajar el Sábado para compensar los 15 minutos que dedico a la comida, de esta manera podemos fabricar más y el coste hora/hombre se mantendría, reduciendo gastos - soltó Piet mientras con un pañuelo se limpiaba unas manchas de grasa que tenía en la mano derecha.
En ese momento y antes de que Igor pudiera decir algo sonó el teléfono cascabel con un sonido de antaño digno de una película de Janfrei Vogars.
Los sonidos de maquinarias pesadas, el ambiente asfixiante a metal incandescente, la penumbra, la grela y los olores no parecían afectar el trabajo extremadamente meticuloso de Piet.
- Sr. Malvini, a mi despacho ahora mismo! - sonó un altavoz cascado de betún de judea.
Piet terminó su trabajo con el tornillo, lo dejo en su cajita de 30 tornillos todos ordenados como si se tratase de fichas de domino, se quitó los anteojos con 8 aumentos, fue a mear y a los 15 minutos golpeó la puerta de su jefe, el mismo que había solicitado sin dilación su presencia.
- Vamos mal Señor Malvini, hace 45 minutos que lo espero, esto es un escándalo, ¿quiere que lo raje a patadas ahora mismo? - soltó Igor mientras le daba la espalda debido a que estaba mirando entre las persianas de oficina de su ventana, una ventana que daba a la pared.
Piet tomó asiento sin pedirlo, sabía que cuando un jefe hablaba se tenía que estar en una posición de altura inferior, una posición que permita la dominatrix y la sumisión.
- Hoy la máquina principal estaba enganchada, la desenganche para optimizar el funcionamiento, ahora caga 3 tornillos más en cada tanda de 22 minutos. - aportó Piet.
- Ahhh... eso esta muy bien Malvini ¡ganaremos más dinero! - dijo Igor que por un segundo se transformó en el Señor Cangrejo de la serie Bob Esponja y perdió su papel estelar de rancio mal parido.
- El asunto es que estos tornillos están mal, me han llamado diciendo que no enganchan bien, ¿se puede saber que ha pasado? - preguntó Igor una vez recuperada la postura de jefe hijo de puta.
- Tenía pensado trabajar el Sábado para compensar los 15 minutos que dedico a la comida, de esta manera podemos fabricar más y el coste hora/hombre se mantendría, reduciendo gastos - soltó Piet mientras con un pañuelo se limpiaba unas manchas de grasa que tenía en la mano derecha.
En ese momento y antes de que Igor pudiera decir algo sonó el teléfono cascabel con un sonido de antaño digno de una película de Janfrei Vogars.
UN CORAZON A PRUEBA DE BALAS - PARTE III
Detuvo el coche en la explanada de la mansión de su jefe, hizo sonar la bocina tal y como se lo habían indicado y se bajó del coche.
De pronto, un culo se acercó a el, una mujer 20.000 puntos de buena se aproximaba, una mujer como ninguna otra había visto Piet hasta el momento.
- ¿Vos sos el chofer? - le dijo a Piet mientras lo miraba en tono pedante y pluscuanperfecto.
- ¿Quiere que la lleve directamente al central park museum of the zapato de charol? - respondió Piet.
- ¡Perfecto! necesito zapatos, ¿como lo sabías? - le preguntó con cierta intriga y lo mironeaba un poco más en busca del truco.
- Tengo pensado dejarla en la puerta, conozco al de la entrada, pasará sin problemas, se que es difícil estacionar el coche, pero yo la esperaré en la puerta, así nadie la molesta, señora - soltó Piet que aprovechó una décima de segundo para pispear el escote de la doña. Un escote turgente como el que usaba Sofia Loren en sus películas de preadolescente exhibicionista.
- ¡Bien nene! no la cagues que empezaste bien, no la cagues - repitió la señora pulposa mientras se introducía en el Lamborgino Reni.
Piet cerró la puerta de la señora muy amablemente, aprovechó para peinarse un poco mientras se dirigía a su puesto de chofer, se sentó, comprobó espejos, clavó otra pispeada y se dirigió directamente al sitio prometido.
Pasaron cerca de 45 minutos de compras hasta que Piet la vió salir cargada de bolsas. No lo dudó y la ayudó, llevando el peso de las cajas hasta el coche y metiendo todo meticulosamente ordenado cual tetris de ganador en el baúl.
- Tené cuidado que estos zapatos, valen más guita que tu vida! - le soltó la señora.
- ¿La llevo al restoran Don Ñoqui Ponedore? - le preguntó Piet mientras terminaba de ordenar el baúl y esperaba una respuesta que lo cambiaría todo radicalmente...
De pronto, un culo se acercó a el, una mujer 20.000 puntos de buena se aproximaba, una mujer como ninguna otra había visto Piet hasta el momento.
- ¿Vos sos el chofer? - le dijo a Piet mientras lo miraba en tono pedante y pluscuanperfecto.
- ¿Quiere que la lleve directamente al central park museum of the zapato de charol? - respondió Piet.
- ¡Perfecto! necesito zapatos, ¿como lo sabías? - le preguntó con cierta intriga y lo mironeaba un poco más en busca del truco.
- Tengo pensado dejarla en la puerta, conozco al de la entrada, pasará sin problemas, se que es difícil estacionar el coche, pero yo la esperaré en la puerta, así nadie la molesta, señora - soltó Piet que aprovechó una décima de segundo para pispear el escote de la doña. Un escote turgente como el que usaba Sofia Loren en sus películas de preadolescente exhibicionista.
- ¡Bien nene! no la cagues que empezaste bien, no la cagues - repitió la señora pulposa mientras se introducía en el Lamborgino Reni.
Piet cerró la puerta de la señora muy amablemente, aprovechó para peinarse un poco mientras se dirigía a su puesto de chofer, se sentó, comprobó espejos, clavó otra pispeada y se dirigió directamente al sitio prometido.
Pasaron cerca de 45 minutos de compras hasta que Piet la vió salir cargada de bolsas. No lo dudó y la ayudó, llevando el peso de las cajas hasta el coche y metiendo todo meticulosamente ordenado cual tetris de ganador en el baúl.
- Tené cuidado que estos zapatos, valen más guita que tu vida! - le soltó la señora.
- ¿La llevo al restoran Don Ñoqui Ponedore? - le preguntó Piet mientras terminaba de ordenar el baúl y esperaba una respuesta que lo cambiaría todo radicalmente...
UN CORAZON A PRUEBA DE BALAS - PARTE IV
- GARCHAME - le dijo mientras se desabotonaba todo y más.
Piet sudó y sudó, empalmó y empalmó, garchó y garchó, quemó y quemó para luego repiquetear el cuerpo hasta soltar todo lo que tenía, todo el afluyente de amor que se encontraba dentro de si, gestando, macerando desde hace años. Porque Piet era virgen y digo era porque con semejante acto sexual se había reivindicado con la sociedad, había encontrado un subidón existencial que lo ponía nuevamente a la altura de los demás.
En un simple garche había obtenido no solo placer, había logrado subir el peldaño más alto que la sociedad le había impuesto, y lo resolvió como un profesional, fue la primera vez, la mejor vez por ello y la más intensa.
No tuvo nervios, no dudo, sabía muy bien lo que le hacía a la Señora que gritaba y gritaba y lo arañaba como gata zorra en celo, mientras él la destrozaba con su poder virginal hasta llevarla al más allá.
A un sumun de amor desenfreno, amor erótico y porno, pero sin llegar al porno sucio de ese que a usted querido lector le apasiona y le obliga a tocamientos impuros.
Piet finalizó el acto con categoría, se volvió a vestir sin perder el varemo y le dijo a la señora:
- ¿La llevo al restoran Don Ñoqui Ponedore?
- Llevame a donde quieras papito - le dijo la Señora mientras intentaba encontrar la bombacha que se había quedado oculta debajo de un asiento. Cabe aclarar que sin querer Piet le manchó el pelo con su crema sementera dejando un efecto gomina en una de sus mechas laterales.
- El coche lo limpio yo después de dejarla en el restoran Señora - añadió y enfilo en palme hacia el destino anunciado.
Así fue como la conoció, pero esa no sería la última vez que Piet se cruzaría con la Señora Petrovilok.
Horas más tarde Piet arribó a su lugar de trabajo justo cuando el jefe Igor estaba saliendo.
- Llega tarde Malvini, llega muy tarde - acuchillo por el pecho Igor mientras sonreía por dentro.
- Le lavé el coche y le puse perfume para que pueda disfrutar de un aromático regreso a casa - le respondió Piet mientras le entregaba las llaves del Lamborgino Reni.
- Excelente! ya olía a mierda el coche - contestó Igor que aún no se sabe porque a posteriori soltó un - ¿le apetece una birrita Malvini? - Nunca se hubiera imaginado el detonante que esa pregunta produciría...
Piet sudó y sudó, empalmó y empalmó, garchó y garchó, quemó y quemó para luego repiquetear el cuerpo hasta soltar todo lo que tenía, todo el afluyente de amor que se encontraba dentro de si, gestando, macerando desde hace años. Porque Piet era virgen y digo era porque con semejante acto sexual se había reivindicado con la sociedad, había encontrado un subidón existencial que lo ponía nuevamente a la altura de los demás.
En un simple garche había obtenido no solo placer, había logrado subir el peldaño más alto que la sociedad le había impuesto, y lo resolvió como un profesional, fue la primera vez, la mejor vez por ello y la más intensa.
No tuvo nervios, no dudo, sabía muy bien lo que le hacía a la Señora que gritaba y gritaba y lo arañaba como gata zorra en celo, mientras él la destrozaba con su poder virginal hasta llevarla al más allá.
A un sumun de amor desenfreno, amor erótico y porno, pero sin llegar al porno sucio de ese que a usted querido lector le apasiona y le obliga a tocamientos impuros.
Piet finalizó el acto con categoría, se volvió a vestir sin perder el varemo y le dijo a la señora:
- ¿La llevo al restoran Don Ñoqui Ponedore?
- Llevame a donde quieras papito - le dijo la Señora mientras intentaba encontrar la bombacha que se había quedado oculta debajo de un asiento. Cabe aclarar que sin querer Piet le manchó el pelo con su crema sementera dejando un efecto gomina en una de sus mechas laterales.
- El coche lo limpio yo después de dejarla en el restoran Señora - añadió y enfilo en palme hacia el destino anunciado.
Así fue como la conoció, pero esa no sería la última vez que Piet se cruzaría con la Señora Petrovilok.
Horas más tarde Piet arribó a su lugar de trabajo justo cuando el jefe Igor estaba saliendo.
- Llega tarde Malvini, llega muy tarde - acuchillo por el pecho Igor mientras sonreía por dentro.
- Le lavé el coche y le puse perfume para que pueda disfrutar de un aromático regreso a casa - le respondió Piet mientras le entregaba las llaves del Lamborgino Reni.
- Excelente! ya olía a mierda el coche - contestó Igor que aún no se sabe porque a posteriori soltó un - ¿le apetece una birrita Malvini? - Nunca se hubiera imaginado el detonante que esa pregunta produciría...
UN CORAZON A PRUEBA DE BALAS - PARTE V
- El amor nos vuelve tontos, Sr. - respondió Piet mientras se tomaba medio vaso de brebaje.
- JAJAJAJAJA Malvini, mi querido Malvini, a veces pienso que usted debería tener una vida mejor - soltó Igor que al darse cuenta de su flojera verbal producto del alcohol rectificó y soltó:
- Pero a ratoncitos como usted hay que tenerlos en un agujero sin queso, ¿me entiende?
Piet lo miró a los ojos, apuró el trago y se despidió de su jefe diciendo:
- Gracias por la invitación, mañana entraré un par de horas antes para recuperar las horas perdidas hoy.
Igor se quedó estupefacto, comenzó levemente a darse cuenta de que Piet no era un tarado de esos a los que castigaba en el trabajo, Piet era un tarado diferente, una personalidad que su cerebrito de jefe adoquinado no podía desmenuzar y eso lo ponía en evidencia, en latencia, en extrema exposición social.
- Recuerde lo que le he dicho Malvini, cuento con usted - le respondió mientras se encendía un cigarro "Fumet Pene" de ocho centímetros y bocaneaba humo sobre el agua.
De camino a su casa Piet no dejaba de pensar, pensamientos cruzados, la mujer del jefe, la solicitud del jefe, el dócil andar del Lamborgino Reni, el semen, el asesinato, la eyaculación sublime, la copita de Malvini, un tornillo mojado y mucho más!
Piet se sentía más seguro de si mismo, alocadamente seguro, el garche le hizo ver el mundo de una manera distinta, aún le latía la verga con el simple recuerdo de la mujer del jefe, de su escote, del ta-josé.
Al doblar la esquina enfilando para su departamento de cuarta se encontró con una visión digna de las sirenas que adormilaban a los marineros y lograban que éstos, enfervorecidos por el amor y la lujuria, se estrellasen contra los acantilados o tal vez fueran devorados por criaturas del mar jamás vistas ni descritas ni siquiera por Julio el Verne o Ricardo Darwin...
- JAJAJAJAJA Malvini, mi querido Malvini, a veces pienso que usted debería tener una vida mejor - soltó Igor que al darse cuenta de su flojera verbal producto del alcohol rectificó y soltó:
- Pero a ratoncitos como usted hay que tenerlos en un agujero sin queso, ¿me entiende?
Piet lo miró a los ojos, apuró el trago y se despidió de su jefe diciendo:
- Gracias por la invitación, mañana entraré un par de horas antes para recuperar las horas perdidas hoy.
Igor se quedó estupefacto, comenzó levemente a darse cuenta de que Piet no era un tarado de esos a los que castigaba en el trabajo, Piet era un tarado diferente, una personalidad que su cerebrito de jefe adoquinado no podía desmenuzar y eso lo ponía en evidencia, en latencia, en extrema exposición social.
- Recuerde lo que le he dicho Malvini, cuento con usted - le respondió mientras se encendía un cigarro "Fumet Pene" de ocho centímetros y bocaneaba humo sobre el agua.
De camino a su casa Piet no dejaba de pensar, pensamientos cruzados, la mujer del jefe, la solicitud del jefe, el dócil andar del Lamborgino Reni, el semen, el asesinato, la eyaculación sublime, la copita de Malvini, un tornillo mojado y mucho más!
Piet se sentía más seguro de si mismo, alocadamente seguro, el garche le hizo ver el mundo de una manera distinta, aún le latía la verga con el simple recuerdo de la mujer del jefe, de su escote, del ta-josé.
Al doblar la esquina enfilando para su departamento de cuarta se encontró con una visión digna de las sirenas que adormilaban a los marineros y lograban que éstos, enfervorecidos por el amor y la lujuria, se estrellasen contra los acantilados o tal vez fueran devorados por criaturas del mar jamás vistas ni descritas ni siquiera por Julio el Verne o Ricardo Darwin...
UN CORAZON A PRUEBA DE BALAS - PARTE VI
No solo a usted, simpático lector, le ha sido complicada la comprensión del último párrafo, Piet estaba confundido al igual que nosotros que tenemos que continuar...
Un tornillo manchado, una pistola, una bala y una carta que decía "ya sabes lo que tenés que hacer ratoncito".
Lo verdaderamente intrigante de todo esto era que Piet no recordaba exactamente lo sucedido pero sabía muy bien que ese mensaje de su jefe inquietaba...
¿Qué hacía en un lugar así? ¿porqué la carta? ¿quien era la mina que se garchó? ¿se la garchó? ¿se lo habría imaginado todo? ¿fue culpa de la copita de Malvini? ¿qué era más rápido, un Lamborgino Reni o un Porche Guevara?
Matizo, embulsionó y se asentó. Decidió que lo mejor era hacer caso omiso del mensaje, recolecto la nota y el tornillo y se dejo la pistola y la bala.
Piet comprobó la hora y vió que si no se apuraba llegaría tarde al trabajo. Decidió tomar un taxi para no desperdiciar minutos de trabajo y arribó a la puerta de la fabrica a la hora señalada.
Algo no estaba del todo bien, la puerta de la fábrica estaba abierta lo cual no era normal. Piet se armó de valor y entró como si nada. Todo estaba oscuro, intentó encender las luces pero las mismas no respondían al clin clan del interruptor, decidió ir a los plomos y detectó el fallo, ¡estaban sueltos!
Reconectó fusibles y una tenue luz de lámparas de 40 watts iluminó una escena Dantesca, de las de el infierno de Dante.
La mina, la mujer, esa que creía que se había garchado o se había garchado (vaya uno a saber ya) estaba empotrada dentro de la máquina de tornillos, casi descuartizada y perforada por más de mil tornillos en serie. Los mismos tornillos que Piet día a día ordenaba y delineaba como delineó la cintura de la mujer de Igor.
Piet no salía de su "thriller", pese a ello hizo lo que no hubiéramos hecho jamás, se encamino a mirar más de cerca y notó que en la cien de la muchacha existía un agujero, la conferencia, circunvalación y dimensión del agujero le recordó algo... metió sus manos en el bolsillo y vio que el tornillo que se había llevado encajaba perfectamente en la cien de la chica y que la mugre no era tal, la mugre grelosa era sangre seca.
- Huy Malvini, me parece que está metido en un buen kilombo - le dijo Igor mientras ponía cara de situación y de buenachón imperdible.
Un tornillo manchado, una pistola, una bala y una carta que decía "ya sabes lo que tenés que hacer ratoncito".
Lo verdaderamente intrigante de todo esto era que Piet no recordaba exactamente lo sucedido pero sabía muy bien que ese mensaje de su jefe inquietaba...
¿Qué hacía en un lugar así? ¿porqué la carta? ¿quien era la mina que se garchó? ¿se la garchó? ¿se lo habría imaginado todo? ¿fue culpa de la copita de Malvini? ¿qué era más rápido, un Lamborgino Reni o un Porche Guevara?
Matizo, embulsionó y se asentó. Decidió que lo mejor era hacer caso omiso del mensaje, recolecto la nota y el tornillo y se dejo la pistola y la bala.
Piet comprobó la hora y vió que si no se apuraba llegaría tarde al trabajo. Decidió tomar un taxi para no desperdiciar minutos de trabajo y arribó a la puerta de la fabrica a la hora señalada.
Algo no estaba del todo bien, la puerta de la fábrica estaba abierta lo cual no era normal. Piet se armó de valor y entró como si nada. Todo estaba oscuro, intentó encender las luces pero las mismas no respondían al clin clan del interruptor, decidió ir a los plomos y detectó el fallo, ¡estaban sueltos!
Reconectó fusibles y una tenue luz de lámparas de 40 watts iluminó una escena Dantesca, de las de el infierno de Dante.
La mina, la mujer, esa que creía que se había garchado o se había garchado (vaya uno a saber ya) estaba empotrada dentro de la máquina de tornillos, casi descuartizada y perforada por más de mil tornillos en serie. Los mismos tornillos que Piet día a día ordenaba y delineaba como delineó la cintura de la mujer de Igor.
Piet no salía de su "thriller", pese a ello hizo lo que no hubiéramos hecho jamás, se encamino a mirar más de cerca y notó que en la cien de la muchacha existía un agujero, la conferencia, circunvalación y dimensión del agujero le recordó algo... metió sus manos en el bolsillo y vio que el tornillo que se había llevado encajaba perfectamente en la cien de la chica y que la mugre no era tal, la mugre grelosa era sangre seca.
- Huy Malvini, me parece que está metido en un buen kilombo - le dijo Igor mientras ponía cara de situación y de buenachón imperdible.
UN CORAZON A PRUEBA DE BALAS - PARTE VII (FINAL)
Bruno Chinasky era un hijo de puta Mal parido. No le importaba nada. Hacía 2 años que había decidido dar un salto en su carrera delictiva y pasar al mercado más oscuro: SECUESTROS Y ASESINATOS.
Era el lider de los conocidos 4 fantásticos. Mirto, Ezequiel y Orlando. Este último que nos recuerda de algún modo a Disney, hace honor a esa reminisencia siendo el más chico e infantil. Y a no confundir la palabra infantil. No era inocente o añiñado, sino inmaduro e impulsivo. Tenía lo peor de un infante mezclado con la demencia de un adulto psico, ya que tenía 18 añetes de loco feo pendejo puñetero.
Bruno había arreglado claramente con la mujer de Igor, la liquidación de este y aunque bien no comprendía, la entrega del Morocho. La plata era jugosa y parecía el plan más fácil del mundo. Cuando estacionaron ambos coches en el galpón MUGRE, y vio como se llevaban al señor billete a darle el último respiro, nunca pensó ni se le pasó por la cabeza, que Piet iba a hacer lo que hizo.
Era el lider de los conocidos 4 fantásticos. Mirto, Ezequiel y Orlando. Este último que nos recuerda de algún modo a Disney, hace honor a esa reminisencia siendo el más chico e infantil. Y a no confundir la palabra infantil. No era inocente o añiñado, sino inmaduro e impulsivo. Tenía lo peor de un infante mezclado con la demencia de un adulto psico, ya que tenía 18 añetes de loco feo pendejo puñetero.
Bruno había arreglado claramente con la mujer de Igor, la liquidación de este y aunque bien no comprendía, la entrega del Morocho. La plata era jugosa y parecía el plan más fácil del mundo. Cuando estacionaron ambos coches en el galpón MUGRE, y vio como se llevaban al señor billete a darle el último respiro, nunca pensó ni se le pasó por la cabeza, que Piet iba a hacer lo que hizo.
RICHARD
La tarde comenzó a caer, Richard estaba seguro en su mansión frigida, lo que menos esperaba en aquel momento, mientras leía uno de sus libros favoritos (Juanito el pescador), era que uno de sus ojos perdiera la visión, pero no fue solo la neblina en el ojo lo que lo aterró, sino que fue la mano destrozada y amurada a su pared, la pared donde tenia la mayoría de sus cuadros, cuadros que el había pintado en un momento de desenfreno espiritual.
RAMON
En el espesor más recondito de la jungla se encontraba Ramón, Ramón sin ton ni son, le decían las chicas cuando el se proponía echarles un parle, parle que básicamente consistía en un "Que hace bombona!" o tal vez un sofisticado "Decime papito".
Ramón es un cazador experto, pero no tan conocedor de las artes cazatorias como el Dr. Terricola, hombre peligroso y sigiloso, que a su vez es capaz de cantar canciones tan hermosas como desastrosas.
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